Enciclopedia. Foto de Martine Oger. Dreamstime

Traducir no ficción. La bibliografía

Breve nota antes de entrar en materia

Tengo la sensación de estar siempre contando batallitas de las redes, pero es que, a pesar de que procuro no hablar de política, fútbol ni religión, de vez en cuando me meto en unos saraos inesperados y un poco surrealistas, como os conté aquí. En una ocasión, publiqué un tuit sobre cómo organizar una bibliografía y se me echaron encima unos personajes —anónimos por supuesto—, que afirmaban que ellos eran unos sabios bibliotecarios que lo sabían todo sobre las formas de citar y que yo estaba haciendo mucho daño a… no recuerdo, ¿la humanidad? Supongo que sí, tal es hipérbole en la que vivimos. En ese momento decidí que escribiría unas entradas aquí para explicar cómo se hacen las bibliografías en las editoriales generalistas que yo conozco. Añado esto último, porque procuro no hablar de lo que NO conozco. De modo que, esto que veréis a continuación, está basado en mi experiencia personal. Son bibliografías que existen y que están publicadas así. Si hago daño a la humanidad, pido disculpas de antemano. 

Traducir no ficción

A la hora de traducir no ficción, ya sea un manual de bricolaje, un libro de autoayuda o uno de historia, nos encontraremos con algunos elementos que no suelen aparecer en los textos de ficción, como pueden ser pies de ilustraciones, mapas, gráficos, cronologías, notas, bibliografías, etc. A mi modo de entender, traducir ficción es mucho más complicado que traducir no ficción. Me parece muy difícil trasladar el tono del autor; captar y saber transmitir la atmósfera y la textura de una novela. En cambio, traducir no ficción, que es lo mío —aunque he traducido unas cuantas novelas— tiene los problemas técnicos que traen consigo estas partes que he mencionado. Es un trabajo más laborioso, que a veces entra en el terreno de la corrección y la edición. Vamos a empezar por el final de mi enumeración: la bibliografía.

La primera vez que traduje un libro de no ficción para una editorial, me sorprendió muchísimo que la editora me dijera: «No te olvides de traducir la bibliografía». Lo primero que pensé fue que no era mi trabajo (aunque no sabía decir exactamente de quién era, ni en qué consistía). Pero fui prudente y respondí que por supuesto. Me lancé corriendo a mirar la bibliografía y se me cayó el alma a los pies. Eran cientos de títulos de libros en inglés. Me llevé las manos a la cabeza. ¿Cómo demonios se traduce todo eso? ¿Y por qué hace falta? ¿No se podría dejar tal cual?

No se deja tal cual, porque los editores hacen libros pensando en el lector y para facilitar la vida al lector, se traducen las bibliografías. De este modo, si no conoce el idioma original del libro que se cita, podrá buscarlo en español (en el caso de que esté traducido).

Cómo se traduce una bibliografía

Lo primero y más importante que hay que hacer es buscar cada uno de los títulos que aparecen para saber si el libro se ha traducido al español o no.

Si no se ha traducido y, por tanto, no hay edición española, se deja el título en el idioma original y se adapta a las normas del español. Se ponen comillas angulares, se añade pp. si aparecen las páginas de donde se ha tomado la cita, se traducen la ciudad (si tiene traducción) y otros elementos («discurso de inauguración», «programa de mano», «catálogo de la exposición», etc.) que el lector necesita conocer.

Si está traducido y, por tanto, existe edición española, se deja el título del libro en el idioma original, con toda su referencia completa y las partes que hemos traducido al español. Después, se añade, entre corchetes, la referencia en español. Cuando empecéis a trabajar con editoriales, veréis que cada una tiene sus normas. Pero también puede ocurrir que no os den ninguna. En ese caso, os recomiendo que consultéis las normas APA y las ISO-690 que son las que se han ido imponiendo. Hay muchas más, ya que cada área de estudio tiende a tener las suyas. Aquí encontraréis un listado en la página de la Universidad Complutense de Madrid.

También la podéis hacer como indico yo a continuación, en un ejemplo de lo más básico. Así es como elaboran las bibliografías varias de las editoriales para las que trabajo. Pero insisto: no todas. Algunas ponen el nombre del autor, no solo la inicial. Otras separan con comas, no puntos. La mayoría pone el apellido en versalitas, no en versales. Etcétera.

Algunos ejemplos

La cita de un libro:

ARENDT, H. (2006). Eichmann in Jerusalem: A report on the banality of evil. Nueva York: Penguin Books. [Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal. Barcelona: Lumen, 2013. Trad. de Carlos Ribalta].

Fijaos que la ciudad de edición del libro en inglés, Nueva York, está en español. Como os decía más arriba, eso es trabajo del traductor. Debe traducir todas las ciudades que aparezcan en la bibliografía, siempre que tengan traducción, claro. Nueva York es evidente, pero no se traduce Essen, por ejemplo.

Los nombres de las editoriales no se traducen jamás. Sé que parece obvio, pero hace mucho mucho tiempo, al revisar la bibliografía de una traducción me encontré con esto: Pequeño, Marrón y compañía. ¡Casi me da un pasmo! Era Little, Brown and Company, una de las grandes editoriales de Estados Unidos. No hagáis como aquel traductor, por favor.

Quizá os preguntéis por qué se dejan las dos referencias y es una buena pregunta. Yo me lo pregunté en su momento. Se dejan porque el autor del libro que estáis traduciendo cita los libros en el idioma en el que los ha consultado. En el caso de Arendt, entendemos que ha consultado la versión en inglés, no la española. Se da la referencia de la edición española para que el lector que no hable inglés y tenga interés en leer esta obra, tenga la referencia, como decía antes.

Otra posibilidad es que nosotros estemos traduciendo del inglés pero que el autor haya consultado libros en tres o cuatro idiomas más. Si es así, se sigue la misma norma. Se deja la referencia del libro en el idioma original y se busca la versión española. Si en nuestro ejemplo el autor hubiera consultado la versión española de Eichmann en Jerusalén, la dejaríamos en español.

Dónde buscar las referencias en español

Cuando empecé a traducir, allá por los años 80 del siglo pasado, buscábamos las referencias en la biblioteca. Después descubrimos unos tomos gigantescos del ISBN y buscábamos los títulos en español en sus páginas.

Hoy día, lo más recomendable —a mi entender— es el catálogo de la Biblioteca Nacional de España (bne.es). La agencia de ISBN ya no da de alta todos los libros que se publican en español en España. Sin embargo, la Biblioteca Nacional, en principio, sí tiene un ejemplar de todo lo que se publica, con su ficha bibliográfica correspondiente. Por ejemplo, el libro de Hannah Arendt, que citaba más arriba. Cuando hacemos esta labor, lo más habitual es seleccionar la edición más reciente, porque entendemos que será la más actualizada.

Entrada bibliográfica de la Biblioteca Nacional de España.
Ejemplo de ficha bibliográfica de la Biblioteca Nacional de España. Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.

Con el uso de internet y la IA, esto parece superfluo ya que podemos encontrar casi todo a golpe de un clic. Pero, de momento, los traductores seguimos traduciendo todo lo que nos encontramos en un libro. (No he comprobado si la IA me traduciría bien una bibliografía, no sé si encontraría las mejores ediciones en español).

Cartas, discursos y otros documentos

Os pongo otro ejemplo de una traducción que hice hace unos años para Galaxia Gutenberg. Se titula El nacimiento de un mundo nuevo y es una historia de la revolución francesa escrita por el historiador estadounidense, Jeremy D. Popkin. Él ha optado por hacer notas, pero no bibliografía. Es decir, el lector encontrará las referencias a los libros que ha consultado en las notas. Como os decía antes, cada maestrillo tiene su librillo, y nunca mejor dicho. Cada autor es un mundo.

Para este libro el autor trabajó mucho en archivos, con documentos originales, como cartas, diarios, discursos, etc. Obviamente, estos documentos no están traducidos al español. Aquí podéis ver, como ejemplo, las cinco primeras notas del libro, ya traducidas:

  1. The Kentucky Almanac, for the Year of the Lord 1794 (Lexington, 1793).
  2. Carta, 31 de marzo de 1776, archivo familiar de la familia Adams (versión electrónica), Massachusetts Historical Society.
  3. Annales patriotiques et littéraires de la France, 8 de junio de 1792 (Annales patriotiques a partir de ahora).
  4. Paul Butel, Histoire des Antilles françaises (París: Perrin, 2007), 150-151; Pierre Bardin, «La population noire dans le Paris du XVIIIe siècle», http://www.ghccaraibe.org/articles/2015-art20.pdf.
  5. Saint-Just, discurso del 8 ventoso, II, en Charles Vellay, ed., Oeuvres complètes de Saint-Just, 2 vols. (París: Charpentier and Fasquelle, 1908), 2:238. Diversas páginas web ofrecen herramientas para convertir las fechas del calendario revolucionario francés al calendario gregoriano estándar. Véanse, por ejemplo, Napoléon & Empire, www.napoleon-empire.com, y French Revolutionary Calendar, www.windhorst.com/calendar.

Un artículo de un blog

A continuación, vamos a ver un ejemplo de otra traducción mía sobre el consentimiento sexual de Milena Popova. En este caso, se cita un artículo de un blog. Aquí tampoco hay traducción al español que valga. Pero sí hay que hacer pequeños ajustes a las normas tipográficas del español y a las de la editorial. La cita en inglés aparecía así:

Karnythia, ‘On Consent, Sex-Positivity, & Cultures of Color after Colonization’, The Angry Black Woman (blog), August 25, 2011. http://theangryblackwoman.com/2011/08/25/on-consent-sex-positivity-cultures-of-color-after-colonization/.

En la versión española aparece así:

Karnythia, «On Consent, Sex-Positivity, & Cultures of Color after Colonization», The Angry Black Woman (blog), 25 de agosto de 2011, <http://theangryblackwoman.com/2011/08/25/on-consent-sex-positivity-cultures-of-color-after-colonization/>.

No hay una gran diferencia, pero fijaos en varias cosas: en la versión española las comillas son angulares, la fecha está traducida al español (los meses no van con mayúscula inicial en español, por favor), está todo entre comas y la página web va entre los símbolos de mayor y menor < >. Esto es algo que se empezó a hacer cuando nos iniciábamos en el mundo de internet, pero bastantes editoriales lo han abandonado. En Cátedra, que es donde se publicó esta traducción, se sigue poniendo así. Si esto fuera para una de las instituciones públicas para las que trabajo pondría punto y seguido después de la fecha y a continuación: Disponible en: http://…

Las fórmulas son infinitas y las normas varían entre editoriales. Aquí veréis que no os he hablado de cuestiones puramente tipográficas, porque eso da para otro artículo. Muchas editoriales ponen el apellido en versal y versalita, no en mayúsculas (o caja alta); otras desarrollan el nombre del autor, no dejan solo la inicial; la institución de la que hablaba más arriba no utiliza las comillas españolas, etcétera.

Cuando empieces a trabajar con editoriales es importante que pidas el libro de estilo, si lo tienen, y si no lo tienen, que te indiquen claramente cómo quieren las cosas. Así os ahorráis tiempo y disgustos, vosotros y la editorial.

¿Qué os parece? ¿Sabíais que es labor del traductor traducir la bibliografía?

La foto es de Martine Oger. Dreamstime.

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