El otro día escribí un tuit —ahora llamado post—, en Tuiter —ahora llamado X—. Era una cosa muy tonta que tuvo 400 «me gusta» y no sé cuántas respuestas. Fue bastante divertido, pero no me podía imaginar que provocaría unas reacciones de lo más airadas. Algunos, que jamás habían interactuado conmigo y que no me conocen de NADA, me insultaron y me llamaron «mala editora y mala persona». Y es que, la gente se empeña en idealizar el mundo de los libros. Dan por hecho que yo, por trabajar en esto, tengo que ser buena y, en su cabeza, ser buena es «dar una oportunidad» a todo el que haya decidido escribir.
El tuit decía así:
«Me escribe un amigo: Ana, tengo una amiga que ha escrito un libro, ¿podemos ayudarla?
Yo: No. Un abrazo para ti y otro para tu amiga».
A mí me parecía bastante gracioso, jejejejej. ¿A vosotros no? Por lo visto, no. No es tan gracioso.
Mis seguidores y mis amigos tienen claro que a veces me pongo un poco destroyer y que esto era una broma, aunque todos sabemos que en las bromas siempre hay algo de verdad. Lo que quería decir —me parece increíble tener que explicarlo—, es que yo no puedo ayudar a nadie a publicar su libro y me llegan muchas peticiones de este tipo, no solo de amigos, sino de gente a la que no he visto en mi vida. Doy por hecho que le pasa a todo el mundo, a cada uno en su campo de trabajo. Sin embargo, también sabemos todos que hay trabajos en los que es más frecuente que en otros.
Estoy segura de que los editores tenemos tanta «clientela sin dinero» como los médicos y los abogados, a los que todo el mundo llama porque: «Total, ¿qué más te da? Es un momento, te cuento mis síntomas y me recetas algo»; «total, como estás acostumbrado, me redactas una demanda y me la llevas al juzgado»; «total, como te dedicas a leer, no te cuesta nada leer un libro más»; «total, traducir es poner la frase en inglés arriba y la que va en español abajo, ¿no?». (Esto último es literal, creo que todavía tengo guardado el correo).
Con mi post absurdo quería hacer una gracieta y, de hecho, varios escritores fueron los primeros en reaccionar con miles de emojis muertos de risa. Esa era la idea. Sin embargo, entraron los trols a explicarme cómo tenía que tratar yo a mi amigo y el asunto perdió la gracia. Hubo incluso alguien que dijo que mi amigo seguro que me había ayudado en el pasado y que ahora me tocaba ayudarle a mí. ¿¿Qué??
Pero vamos a ver, ¿qué le pasa a la gente? ¿Qué saben de mí y de mi amigo? ¡Nada! Ni siquiera saben si tengo un amigo. Tampoco saben si ese post que publiqué era cierto o no. No todo lo que uno pone en Tuiter es absolutamente verídico, hay cosas que no son al pie de la letra. Hay que echarle un poco de imaginación a la vida. Madre mía, vaya panda de tristes.
Una me dijo que era la peor editora del mundo, porque ese libro que había escrito la amiga de mi amigo podía ser el siguiente Quijote. Primero: ERA BROMA. Segundo: yo no trabajo en una editorial, así que, aunque fuera el Cervantes del siglo XXI (me apuesto un codo a que no lo era), no tengo ninguna obligación de leerlo. Tercero: si trabajara en una editorial, tampoco tendría la obligación de leer un manuscrito no solicitado. (Hay más información sobre este asunto aquí).
Otro, muy requeteofendidito, dijo que menos mal que no me conocía, ni me seguía, porque yo era una egocéntrica despreciable. Y yo me pregunto: si tiene la suerte de no conocerme ni seguirme en X, ¿para qué contesta a un post que tanto le ofende? Y ya por curiosidad, ¿qué es lo que le ofende exactamente, si no le afecta en NADA?
Me estalla la cabeza.
Los que entendieron mi tuit se rieron o me contaron que les pasaba lo mismo, sobre todo los médicos, como he mencionado. Una persona me contó que tardó años en aprender a decir que no a la cantidad de gente que la llamaba a cualquier hora del día a pedir consejos, recetas, remedios… pedir, pedir, pedir. Eran sus amigos, pero no se daban cuenta de que no podían hacer eso, no es de buen amigo. Y no, ni ella ni yo tenemos la obligación de atender estas peticiones, aunque vengan de conocidos. Precisamente porque vienen de un conocido, duelen más.
Lo cierto es que el mensaje de mi amigo era bastante absurdo, porque somos MUY amigos desde hace años. Me podía haber llamado, sabe perfectamente que no trabajo en una editorial, etc. Pero, en fin, le contesté con mucha más educación de lo que contaba en el post de X. Le expliqué los servicios que ofrezco: una sesión de asesoría, un informe de lectura, la corrección del texto o el proceso completo de corrección, edición y maquetación, y le dije que su amiga podía llamarme cuando quisiera. Por supuesto, no me ha llamado.
Así que los trols pueden estar tranquilos. Soy buena persona, porque, toda la gente que lee o que se dedica a los libros es buena. ¿Verdad?
Mentira.
A ver si dejamos de idealizar el mundo de los libros, en particular, y el de la cultura, en general. Ni yo soy buena persona por dedicarme a los libros, ni la amiga de mi amigo merece mi bondad por el hecho de haber escrito un libro.
¿Vosotros sois buenos o sois egocéntricos despreciables?
15 respuestas
Bravo Ana , es necesario ser claro en esto !!!
¡Muchas gracias, Carmen! Gracias por leerme y por escribir por aquí. Es verdad, hay que ser claro y hablar más de esto.
Un abrazo.
Ana… por todo lo que has escrito aqui, se nota que eres buena… de las buenas…. Me alegraste el día…
Buenos días, Marcel. Muchas gracias por escribirme y ¡por el piropo!. A mí me alegra el día saber que hay alguien al otro lado al que le interesa lo que escribo. Un saludo.
El desahogo es comprensible y lo que planteas, irrebatible. En mi caso, verme envuelto en polémicas irritantes con el indocumentado de turno es lo que me insta a huir de las redes sociales.
En cuanto a ese “to er mundo e güeno” imperante, creo que es fruto de una tendencia que no deja de expandirse: trivializar el esfuerzo y ningunear la formación ajena. En el mundo creativo frisa la desfachatez. “Voy a abrir un bar, diséñame el logo, la carta y eso… Cuatro cositas, sin calentarte mucho la cabeza”. “Hazle una caricatura a mi novio, que a ti no te cuesta ná”. “Perengano se casa, hay que preparar un video cachondo. No te preocupes, ya te digo yo como tienes que montarlo”… Y así, ad infinitum… Como bien señalas, basta con sacar las tarifas a relucir para espantar moscardones. Con los amigos cuesta más, pero funciona si son amigos de verdad. Y duplica la satisfacción cuando antes te piden presupuesto. En esos casos, a menos que sea verdadero trabajo de chinos, suelo hacerlo gratis.
Ahora ha llegado la IA y su “hágaselo usted mismo”. He de decir que supone un alivio, aunque sea tirar piedras en el propio tejado.
Buenos días, señora. Recuerdos a su señor. 😉
Gracias por tu mensaje. Veo que te pasan cosas muy parecidas a esta que cuento aquí. Es el pan nuestro de cada día. Esa frase: «sin calentarte mucho la cabeza» ya me pone de mal humor. Jajajajaj. No lo soporto. Me caliento la cabeza, ¡porque soy una profesional! Ay, madre, nos queda mucho recorrido, pero mientras tanto, disfrutemos del camino. Un abrazo.
Es algo parecido a lo que hacen algunos amigos/conocidos/familiares cuando los autores publicamos un libro y sienten que debemos regalarles los ejemplares. Se ofenden si no lo hacemos, porque no entienden el trabajo y los costes que hay detrás de publicar. Pero, “no pienso leerlo si no me lo regalas”, “me lo regalarás, ¿verdad?” (a este yo le contesté con un “No” como el de tu tuit), o aquellos que hacen como que nunca se enteraron de que has publicado por no mostrarte su malestar por no haber recibido el correspondiente ejemplar…
En fin, creen que estas actividades nuestras tienen que ser benéficas o altruistas. Si no, ya tienes un nuevo “ofendidito”.
Saludos.
Gracias por compartir tu experiencia aquí, José Miguel. Me parece increíble que alguien diga «no pienso leer tu libro si no me lo regalas». Yo compro y regalo libros de amigos, porque me parece que es lo mínimo que puedo hacer para echar una mano. Jamás se me ha ocurrido pedir un ejemplar. Ni siquiera pido libros en las editoriales para las que trabajo… Desde luego, tenemos que seguir escribiendo sobre esto y seguir en nuestro esfuerzo por aprender a decir que no. Un saludo muy cordial.
Querida Ana, cuánta pedagogía hace falta. Qué mundo tan desconocido este nuestro y a cuántos malentendidos nos aboca.
Y qué necesidad pasmosa por parte de este público obtuso de añadir ruido al ruido (¿no tendrán bastante en casa?). Gracias por expresarlo (y denunciarlo) de esta manera tan amable.
Un abrazo.
Gracias a ti por escribir aquí, Marian. Es agradable saber que hay alguien al otro lado y que ¡es alguien que entiende lo que digo! Me alegra que te parezca amable, porque no tengo ningún interés en enfadarme, a pesar de los insultos alucinantes que recibí. La verdad es que sí hace falta que sigamos haciendo pedagogía para acabar con esta idea de que los que trabajamos en esto tendríamos que hacerlo gratis. Abrazos grandes.
Bravísimo. Me pasa lo mismo. Un tío mío, médico, a solicitudes así decía: «Desnúdate para que te reconozca», Respuesta: «Pero, Rafa, si estamos en la calle», «Donde me has preguntado», contestaba mi tío. A peticiones absurdas… Yo también contesto con mis servicios y coste de los mismos. Tampoco contestan. O, como mucho, paso un link muy completito que tengo sobre los pasos para autopublicar y un «búscate la vida» en mi cabeza. Tu post es muy bueno. Gracias.
Buenos días, Pilar. Muchas gracias a ti por escribirme por aquí y por compartir esta anécdota de tu tío, que es absolutamente maravillosa. Vaya respuesta más genial e ilustrativa. Era rápido tu tío. La verdad es que es bastante desesperante, pero es mejor reír que llorar. Así que seguiremos riendo con historias como esta, porque algunas son surrealistas. Te mando un saludo.
Hola, Ana.
Me llega este artículo tuyo a través de Mariana Eguaras. Estoy entre que me río y aprieto los dientes, ja ja.
Con un teléfono en las manos (y sin tener algo más productivo que hacer), hay mucha gente escupiendo lo que le viene en ganas, aunque no nos conozcan de nada, tal cual dices.
Creo que nos pasa a todos los profesionales en general, «a ver si en unos minutos me lo resuelves», «total… ¿qué te cuesta?»
A mí me han pedido traducciones a cualquier hora y desde la otra punta del mapa, «total, tú lo puedes hacer».
Pues no. Va a ser que NO 😅
Y yo que sí te conozco por haber contratado tus servicios, no solo te aplaudo sino que me alegro de que muchos hayamos aprendido a decir que no.
El tiempo, la energía, el conocimiento y la experiencia detrás tienen un coste.
Quien no lo entienda… a otra cosa butterfly!
Abrazo virtual 🤗
¡Hola, Poli! Gracias por escribirme y compartir tu experiencia. La pesadez está completamente globalizada, jajajajaj. Para mí ha sido muy difícil aprender a decir que no, lo reconozco, pero una vez que se aprende ¡ya no se olvida, como montar en bicicleta! Te mando un abrazo enorme.
Gracias, Ana.
Ya te respondí por el otro canal 😅
A todas las mujeres nos ha costado ese camino, hay razones.
Pero sí, el ejemplo de montar en bici es el más parecido a no querer tropezar otra vez, ja ja.
Abrazo enorme de vuelta.