Para terminar el año con una nota alegre —y para que me ayudéis a forrarme con los derechos de autor—, hoy he venido aquí a hablar de mis traducciones. Se me podía haber ocurrido antes para que tuvierais una buena lista de regalos de Navidad. Pero soy lenta para casi todo. Quizá os dé tiempo para el día de Reyes.
Casi todas mis traducciones están recogidas aquí, pero hoy he venido a hablar de los libros de ficción. Es de los que estoy más orgullosa, porque traducir cuentos o novelas me parece lo más difícil del mundo y son las traducciones que más me han costado. Había jurado que no traduciría nada de ficción y terminé por hacerlo. Empecé con novelas juveniles y, una vez más, ahora estoy pensando en dejarlo y dedicarme solo a la no ficción que siempre ha sido lo mío.
Una de las más difíciles fue La librería de Penelope Fitzgerald (Impedimenta). Hay una legión de lectores a los que les gustó mucho, pero hay otros que consideran que no tiene nada especial, que es una historia «plana». En mi opinión, ese estilo que parece falto de emoción o de matices, es buscado por la autora porque se ha propuesto contar una historia bastante real (por lo visto a ella le ocurrió algo parecido) en forma de cuento. Hay una mala malísima, un malo misterioso que resulta ser bueno, hay una casa con su propio poltergeist, hay una niña que no teme a ese espíritu ruidoso… No le falta de nada. A mí me ha encantado todas las veces que lo he leído.
Otro libro de ficción que me costó gran trabajo fue El alma moderna y otros cuentos de Katherine Mansfield (Libros del zorro rojo). Había descubierto a esta autora en un curso de escritura creativa que hice hace años en Oxford. Sus cuentos me fascinaron desde el primer momento. Tienen esa cualidad tan inglesa de mostrar al lector una historia aparentemente tranquila, una historia que puede parecer incluso banal, cuando en realidad hay un mar de fondo —con dura crítica a la sociedad de la época— que se agita con violencia bajo esa superficie.
La novela que también me pareció una delicia para leer y una dificultad para conseguir captar en español el ambiente fue Un alma cándida (Gatopardo). Si Mansfield hace una crítica social en sus cuentos aparentemente inocuos, Elizabeth Taylor retrata aquí a la protagonista, como una manipuladora —en una oficina diríamos que es «tóxica»—, bajo la aparente ingenuidad, sencillez y dulzura con la que se muestra ante los demás.
En 2024 aparecerá en Cátedra —en la colección Cátedra Siglo XX— una novela de una autora de Dominica que creo que os gustará mucho. ¡Os daré los detalles entonces! De momento, ¡os felicito el año!