Más de una vez me han preguntado por qué no publico mis tarifas de corrección y otros servicios en mi página web. Ahora tengo una nueva sección de preguntas en la que lo explico y lo voy a hacer también en este artículo. La respuesta es sencilla: mis tarifas de corrección y edición de textos varían según la dificultad y extensión de dichos textos, y la urgencia que tenga el cliente. Pero yo también me pregunto si no debería indicar al menos el rango en el que me muevo. Es posible que nos ahorre tiempo a los clientes potenciales y a mí. ¿O no?
No es un dato secreto, por supuesto. Ahora mismo ese rango, para una corrección —no suelo distinguir entre corrección de estilo y corrección ortotipográfica, a no ser que haya un motivo claro para hacerlo— está entre 2,20€ y 4,40€ por 1.000 caracteres con espacios. Por urgencia añado un 35% al precio final. El extremo más alto del rango, 4,40€ es para proyectos en los que tengo que rehacer un manuscrito casi por entero o, incluso, reescribirlo yo y este no es mi trabajo más habitual, por lo tanto, suelo estar más cerca del otro extremo.
La corrección que ofrezco yo
La corrección que ofrezco yo no se limita a descubrir erratas y cambiar formatos (que, por supuesto es parte de lo que hago), de ahí que no distinga entre corrección ortotipográfica y lo que llamamos «edición» o «corrección de estilo». Hago toda clase de sugerencias para mejorar el texto en comentarios al margen. Estas sugerencias pueden suponer eliminar una frase o eliminar un capítulo. Puedo proponer que se alargue la historia o se aporten más datos. Etcétera.
Además, elaboro un breve documento en el que explico el por qué de las correcciones y las sugerencias. Todo queda marcado con el sistema de revisión de Word, que puede deshacerse fácilmente. El cliente no tiene por qué aceptar mis propuestas. Puede rechazarlas de una forma rápida y sencilla. Todo esto se lo explico y se lo muestro al cliente en el momento en el que me pide el presupuesto, como explicaré más abajo.
(Una nota para quienes no entiendan cómo obtener el precio final: hay que dividir el total de caracteres con espacios que tiene el libro entre 1.000 y multiplicar esa cantidad por la tarifa. La corrección de un libro de 300.000 caracteres a 2,20€ serían 660€).
Las tarifas de las editoriales
Soy consciente de que las tarifas de las editoriales son mucho más bajas —trabajo para muchas editoriales—, pero los autónomos no tenemos por qué cobrar lo que dictan las editoriales. En esta entrada ya hablé de la evolución de las tarifas desde principios de este siglo. En lugar de subirlas según el IPC, las han bajado en estas dos décadas —según no sé qué—, de modo que es fácil de entender por qué no podemos ir a la par con ellas.
Como decía, trabajo para muchas editoriales. De hecho, he seguido colaborando con todos los sellos en los que he trabajado porque me gusta mantener el contacto con mis compañeros de trabajo y porque me gustan sus libros. En ocasiones acepto tarifas ínfimas por eso, porque me gustan los libros y porque me dan mucho tiempo para hacer el trabajo con calma. Hay editoriales que me pagan algo más de la media porque me conocen desde hace años y saben que voy a hacer bien el trabajo. Otras dejan que la tarifa la ponga yo, sobre todo si es necesario realizar una labor de edición profunda y de reescritura.
¿Cobrar en función del perfil del cliente?
La forma de hacer el presupuesto es el mismo para clientes particulares y para editoriales: leo un capítulo o dos —no necesariamente los primeros— para valorar la dificultad del texto, corrijo dos o tres páginas y las envío junto con la tarifa que propongo. No aplico una tarifa más alta, ni más baja por ser una editorial. Cobro lo que, en mi opinión, se ajusta a esa valoración que he hecho del texto.
Hace tiempo, alguien me sugirió que cobrara en función del perfil del cliente. Es decir, si me lo pide un estudio de arquitectura, doy por hecho que están forrados y les aplico la tarifa más alta, aunque el texto esté impecable. Si me lo pide un humilde aspirante a escritor, aunque su texto necesite mil cambios, debería bajar la tarifa porque pobrecito, se quiere ganar la vida como autor.
A mí también me gustaría ganarme la vida escribiendo y no lo he conseguido; querría estar forrada y tampoco he alcanzado esa meta. Pero no voy contando esto al frutero para que me haga un descuento en los plátanos de Canarias. Así que no, no se me ha pasado nunca por la imaginación cobrar en función del perfil del cliente. Mis tarifas son iguales para todos. Lo que sí hago es aplicar descuentos a mis clientes fieles, por ejemplo. O a alguien que me cae bien o porque ese día me he levantado con alma de altruista, aunque lo del altruismo no es lo habitual. Otra cosa que hago es dar facilidades de pago si alguien me lo pide y no es descabellado.
Tengo dos normas inamovibles
1. Cobro siempre por adelantado. Los motivos los podréis entender leyendo este artículo y este otro.
2. No regateo. Puedo descontar unos euros para que la cifra sea redonda, pero no regateo. Cuando empecé en esto, caí en la trampa en alguna ocasión y me di cuenta de que así solo devaluaba mi trabajo y me sentía fatal después, porque trabajaba a disgusto, sabiendo que estaba cobrando menos de lo que valía el servicio.
¿He perdido clientes por esto? Supongo que sí. Sin embargo, estoy segura de que he perdido bastantes menos de lo que creía en mis inicios y no me arrepiento.
No tengo por costumbre regatear en el supermercado, ni en el gimnasio. No se me ha ocurrido regatear a un abogado cuando he necesitado uno, ni al electricista que me cambió todo el cableado en casa. Si me parece muy caro, busco otras opciones.
Cobrar el precio justo
Los que os dedicáis a esto sabréis que, casi siempre, cobramos menos de lo que deberíamos, a pesar de todo. Es muy difícil calibrar las dificultades que va a entrañar un texto leyendo solo unas páginas y cobrar el precio justo. Lo habitual es que el trabajo lleve más tiempo y sea más complejo de lo que habíamos calculado. Esto no nos ocurre solo a los correctores, les pasa a los albañiles, a los pintores de brocha gorda, a los arquitectos, al personal de limpieza, etc. Todos intentamos añadir ese plus por algún lado para no perder dinero, pero no es sencillo.
Dicho todo esto, voy a seguir mandando las tarifas a todo el que me las pida a través del formulario de contacto. Pero también seguiré dándole vueltas a la posibilidad de publicarlas para facilitar el proceso. De hecho, siempre estoy trabajando con la persona que me gestiona el blog para ir mejorando.
¿Qué os parece? ¿Qué me aconsejáis?
La ilustración la he realizado con ayuda de la IA de Grok.
6 respuestas
Qué artículo tan revelador sobre las profundidades del alma autónoma y la magia del margen de Word. La idea de cobrar según el factor editorial me hizo reír, como si yo pidiéramos un descuento al frutero por ser un pobre estudiante. ¡Qué ironía que los autónomos debamos luchar por un precio justo mientras las editoriales se aprecian a la baja! La regla de cobrar siempre por adelantado es más una bendición que una maldición, aunque entiendo a la gente que se siente como si le hubieran cobrado menos de lo que valía su trabajo. La única cosa que me frena de ser un corrector de estilo con alma de altruista es que, claro, el mundo necesita plátanos de Canarias.
Muchas gracias por el comentario. Yo también me he reído leyéndolo. Es duro este mundo del autónomo y siempre hay gente con ideas curiosas. Un saludo.
Qué tan bien lo has dicho. ¡Qué ironía que los autónomos debamos luchar por un precio justo mientras las editoriales se aprecian a la baja! Yo siempre aplico mi tarifa más alta a los estudios de arquitectura, aunque el texto esté impecable, y a los aspirantes a escritores, aunque su texto necesite mil cambios. Pero bueno, quién no quiere un descuento en los plátanos de Canarias, ¿verdad? La clave está en aplicar descuentos a los clientes fieles y dar facilidades de pago, siempre y cuando no sea descabellado. ¡Así es como se vive la vida de autónomo!
Muchas gracias por leerme y por entender lo que quería decir. Los autónomos lo tenemos muy difícil en España, la verdad.
Le mando un saludo muy cordial.
Buenos días,
Me ha encantado tu artículo. Yo estoy empezando y aún no sé muy bien cómo hacerlo. ¿Cómo fueron tus inicios?
¿Podrías dar algún consejo a los principiantes como yo sobre cómo ofrecer sus servicios y aplicar una tarifa real acorde?
Me gustaría elaborar un portfolio con trabajos no muy extensos, pero para ello necesito conseguir clientes. Ando muy perdida.
Gracias de antemano.
Pilar
Gracias, Pilar. Es un poco complicado que te dé consejos por aquí. Además, no es mi trabajo. Yo asesoro a los autores sobre su escritura. Pero te puedo contar que empecé traduciendo para editoriales y después hice muchos informes de lectura y correcciones. Es difícil, como lo es cualquier otro sector. Te recomendaría que te hicieras un blog y te dieras a conocer en las redes sociales. Es lo que hice yo cuando dejé de trabajar por cuenta ajena.
Un saludo.