Saludar en los pueblos no es tan fácil como parece

Saludar en los pueblos

El que conozca un poco la vida de los pueblos españoles sabe que, en general, todo el mundo se saluda. Aunque es una costumbre que se está perdiendo, como tantas otras. Saludan más los viejos del lugar y yo ya puedo decir que estoy entre ellos, así que voy saludando a todo hijo de vecino, nunca mejor dicho. Mi maromillo también saluda sin parar y con más alegría que yo, si cabe. Pero resulta que saludar en los pueblos no es tan fácil como parece.

No somos de aquí, ni tenemos familia, ni nada (como os conté en este artículo), así que hay quien nos mira mucho cuando nos cruzamos por la calle. Nos miran fijamente y nosotros saludamos muy sonrientes. Los jóvenes ni nos miran ni nos saludan, cosa que todavía no hemos decidido si nos gusta o no.

Cuando llegamos a este pueblo desde la ciudad queríamos seguir siendo anónimos, no queríamos hablar con nadie en la cola del supermercado, no queríamos ir a tiendecitas llenas de latas en las estanterías… ¡Queríamos seguir siendo urbanitas! Pero con el tiempo, se hizo evidente que no se puede ir así por la vida. Si hemos decidido vivir en un pueblo, habrá que calcular que la compra lleva el doble de tiempo que en la ciudad, habrá que charlar con las señoras de la cola y habrá que ir a las tiendas diminutas, entre otras cosas, porque nos han cerrado el supermercado gigante. De modo que ahora saludamos más pronto y con más estilazo que muchos de los lugareños. Somos unos hachas del saludo y, además, estamos haciendo un estudio sobre el tema.

—¡Buenos días! —solemos decir al unísono mi maromillo y yo.

Si no nos responden al pasar, que también puede ocurrir, nos miramos y decimos en voz baja: «o malos». Después soltamos una risita. Somos así, un pelín infantiles. Poco a poco, estamos aprendiendo y clasificando los saludos. Hemos descubierto que en este pueblo se dice mucho «buenoooo».

—Hasta luego —le digo al del colmado.

—Buenoooo —me responde él.

Creemos que esto es específico de este pueblo, aunque está por investigar si es característico de la provincia entera. Tenemos que continuar con nuestras pesquisas. De lo que estamos casi seguros es de que no es malo. No es un buenoooo chungo, no quiere decir «buenoooo, vaya tostón».

Luego están los que dicen «adiós» en lugar de «hola». Todavía no hemos conseguido dilucidar si es que quieren irse, quieren que nos vayamos nosotros, no les gusta saludar, en general, o tienen prisa. Los que dicen «adiós» no nos miran mucho. Creo que puede ser una mezcla de todo lo anterior.

—Hola, ¡buenos días! —dice el maromillo, pongamos por caso.

—Adióóóós —responden sin mirarnos.

En esos casos también nos miramos, pero ponemos cara de ¿qué sabremos nosotros de cómo se saluda en los pueblos? ¿Habrá que decir «adiós» en lugar de «hola»? Nunca imaginamos que, por vivir en un pueblo, estaríamos haciéndonos estas preguntas filosóficas. Pero aquí estamos, aprendiéndolo todo sobre la vida en un pueblo.

Por último están los más simpáticos, que son los que responden a nuestro «hola» con otro o con un «buenos días». Con esos —que son bastantes, hay que decirlo— incluso nos atrevemos a hacer alguna broma sobre el tiempo y ya los consideramos amigos.

¿A vosotros qué tal se os da lo de saludar a desconocidos?

Ilustración de Ignacio Klindworth (ignacioklindworth.com).

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Ana Bustelo | Servicios editoriales y traducción literaria
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