Yolanda Barambio trabajó 20 años como periodista en Valencia y en la crisis de 2008 se quedó sin trabajo. Después de dar muchas vueltas para volver al mercado laboral reconvertida en algo que le apasionara, tuvo la suerte de que hubiera una vacante para el puesto de editor en Olelibros. La editorial estaba empezando y ella ayudó a ponerla en marcha. Ahí aprendió, entre otras muchas funciones, a editar textos. Y, a partir de ahí, fue una editora feliz.
Le pedí que viniera a hablar a mi blog y me contó cómo descubrió que ese trabajo era el que le gustaba y el que se le daba bien.
Cuando trabajé como editora en Olelibros me di cuenta de que veía los hilos que recorren los libros, que podía modificarlos para mejorar el resultado, que detectaba en qué punto exacto se desviaba un personaje de su arco… Era capaz de recolocar personajes, tramas y un largo etcétera de los elementos que componen una novela (luego vendrían las ediciones de ensayos…). Así descubrí mi vocación y desde entonces no he hecho otra cosa. Bueno, ahora también escribo para otros.
Me interesaba mucho hablar contigo, porque yo no hago esa labor de editor que acompaña al autor hasta el final del proceso y me gustaría saber cómo trabajas. En tu web dices que coges un máximo de cinco libros a la vez. ¿Cómo decides cuáles coges y cuáles no? ¿Hay trabajos o clientes que te ves obligada a rechazar?
Siempre pido que me envíen los dos primeros capítulos. Con esta muestra compruebo el estado del libro. Resulta increíble, pero con el inicio de un libro puedes detectar infinidad de puntos débiles y también de puntos fuertes. Ahí también se ve el potencial de una novela y cómo funciona el proceso creativo de su autor. Es suficiente para saber si puedo trabajar con ella, si está preparada para una labor de edición o necesita algo más ligero como un lector cero.
A veces, desgraciadamente, la novela está en unas condiciones que resulta imposible cualquier intervención. Algunas requieren reescritura o empezar de cero. Así que informo al autor de lo que veo de manera justificada y constructiva. Le explico el tiempo que llevaría enderezarla y lo que será necesario.
Una vez que aceptas un proyecto ¿por dónde empiezas?
Primero trabajamos la estructura. Es importante comprobar que la idea que el autor tiene en la cabeza se refleja en el armazón del libro. Una vez que hemos revisado las tramas, las subtramas y los arcos de los personajes, detecto todos los huecos y, a veces, propongo comenzar la historia por otro lado o cambiar de alguna manera la estructura para que vehicule mejor el contenido o la historia que se quiere contar. Los autores aprovechan el tiempo hasta que comenzamos a trabajar para mejorar todos los puntos del informe resultante. Una vez que todos los elementos principales están en su sitio, comenzamos la edición.
Capítulo a capítulo, revisamos los detalles, las escenas, los diálogos; analizamos si el texto muestra o cuenta y qué hay que hacer en cada momento, dónde están colocados los datos prioritarios y qué detona cada uno; y un largo etcétera que depende de cada obra. Es un servicio muy personalizado. Vamos avanzando sobre el texto hasta que tenemos la novela terminada y en perfectas condiciones.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que perfilar una novela es tan complicado que muchas veces después de este trabajo se requiere, además, un lector cero que certifique que el proceso ha sido un éxito y, por supuesto, siempre se necesita un profesional de la corrección ortográfica y el estilo. Ni el autor ni el editor —después de darle mil vueltas a la obra— están capacitados para asegurar que todas las comas están en su sitio.
Eso que acabas de decir es clave. Espero que nuestros lectores tomen buena nota. Lo voy a repetir, por si acaso: «Después de dar mil vueltas a la obra, ni el autor ni el editor están capacitados para asegurar que todas las comas están en su sitio». El texto necesita otros ojos, como explico en este artículo. Y, para dar esas mil vueltas que das al texto, ¿cómo organizas el tiempo?
Es complicado. Es difícil de programar. Avanzamos despacio, con calma, al detalle. Depende de la dificultad de la obra y de su extensión, pero es un trabajo de meses. Corrijo un capítulo, se lo envío al autor y no lo dejamos hasta que los dos estamos satisfechos con el resultado.
¿Por qué consideras que es necesario ese seguimiento mes a mes?
Es mi método, lo he ido perfeccionando con los años y es la manera en que mejor sé editar. Me da miedo desviarme de lo que quiere conseguir el autor, el diálogo que se establece entre nosotros es muy productivo y enriquecedor, la obra va avanzando sobre seguro en todos los sentidos. El autor tiene la calma, no solo para mejorar su obra, sino para aprender del proceso, puesto que todos los cambios están justificados y puede preguntar todo lo que necesite en cada momento.
¿Estableces un límite de revisiones o sesiones? Porque ¿hasta dónde pueden llegar las preguntas de los clientes?
No hay límite y nunca he tenido problemas en este sentido.
¿También reescribes o escribes?
No, si no me lo piden. Hay autores que me piden que reescriba. A veces escribo para que vean cómo hacerlo y luego lo hacen ellos. Depende de la obra y de lo que necesite el autor.
¿Haces de escritora fantasma?
Sí, sobre todo para particulares, no para editoriales.
¿Me puedes ampliar un poco cómo es este proceso? ¿El autor te da la información y tú la organizas? ¿Le haces una entrevista?
Depende mucho de la obra, la idea es plasmar el proyecto al completo, a veces desde una idea pequeñita, otras la estructura viene dada. Cada obra tiene su personalidad y sus necesidades. En general, lo más importante es saber qué quiere la persona, la institución o la empresa que te contrata. Es necesario hablar mucho, establecer un esquema de contenidos y tiempos lo más ajustado posible. Además de enviar semanalmente lo que se va escribiendo para que se revise y se vaya construyendo la obra sobre unos cimientos sólidos.
¿Cómo valoras la dificultad y el tiempo para hacer los presupuestos?
Es complicado, aunque después de años de experiencia tengo más o menos la maquinaria engrasada, pero es difícil valorar los recursos y tiempo que vas a necesitar para escribir una obra para otra persona. A veces, solo encontrar el tono apropiado lleva un tiempo ingente. Es un botón de las miles de variables que pueden darse en esta ecuación. Intento que sea sostenible. Hacer un buen trabajo como escritora o editora requiere tiempo y necesito estar concentrada en el proyecto y no sufrir porque no llego a final de mes. Así que intento que sea un trato justo para ambas partes.
¿Y los pagos? ¿Cómo aseguras que te paguen?
Pido una cuota inicial. Y luego divido el presupuesto en cuotas mensuales. Si veo que el proceso se alarga, hablo con el cliente. La cuota inicial es fundamental porque necesito organizarme con la lista de espera y porque, antes de comenzar a trabajar con el libro, hay pasos iniciales que también requieren mucho tiempo, como organizar la estructura o preparar lo necesario para editar o escribir.
¿Cómo consigues clientes?
Los clientes me llegan por la web, más que por el boca a boca.
¿Sabes de SEO para posicionar la web?
Tengo una ligera idea, es importantísimo tener algunas nociones para posicionarte, pero me dejo aconsejar por profesionales. Desde el principio tengo un asesor en esta materia que me ha ayudado muchísimo.
¿Cómo es la comunicación con tus clientes? Yo no soy nada partidaria de trabajar por WhatsApp, pero es posible que yo sea una boomer.
Generalmente, me comunico por correo electrónico y por teléfono, también hago videoconferencias. Tengo autores repartidos por medio mundo, así que a muchos nunca los he visto en persona. Yo también me resisto a la moda de la mensajería instantánea. En literatura hay pocas gestiones que se adapten a esa inmediatez, se pueden producir malos entendidos y pérdidas de información.
¿Te gusta tu trabajo?
Me encanta, me hace feliz. A veces, me levanto por las mañanas y, mientras estoy encendiendo el ordenador, me entra una flojera de felicidad inexplicable. Es un sueño haber conseguido trabajar desde mi casa, yo sola con un ordenador, haciendo lo que más me gusta… Es algo que, aunque ya llevo muchos años, no deja de asombrarme.
A mí también me asombra ganarme la vida leyendo y escribiendo. Puedo decir que también soy una editora feliz. ¿Vosotros disfrutáis con el trabajo?